24 horas de guardia en la Operación Atalanta

03/08/2016

La alférez médico (RV) Navarro embarcada en la Santa María

Verónica Sánchez Moreno

A bordo de la fragata ‘Santa María’ la alférez (RV) María Dolores Navarro Sánchez-Ortíz ha tenido mucho trabajo, pero también ha vivido experiencias increíbles. Hablamos con esta médico a su regreso de la Operación Atalanta, en la que ha participado durante dos meses y, junto con un enfermero y otros dos sanitarios, ha velado por la salud de la dotación de la F-81. 

Reservista voluntario desde 2014, María Dolores Navarro realizó su periodo de  formación militar en la Escuela de Técnicas Aeronáuticas (ESTAER) de la Base Aérea de Torrejón de Ardoz y desde entonces su unidad de destino es la Subdelegación de Defensa de Sevilla. No es la primera vez que esta alférez médico embarca pero, sin duda, llega a territorio nacional con muy buen sabor de boca tras ser partícipe de la labor de las Fuerzas Armadas españolas en aguas del Índico.

¿Como médico civil, dónde trabaja usted actualmente y cuál es su puesto?
Desde hace bastantes años trabajo como médico en el Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla, en la Unidad de Enfermedades Infecciosas. Gran parte de mi trabajo lo dedico a la investigación clínica, llevando varias líneas de investigación dentro del campo de las enfermedades infecciosas.

¿Por qué decidió hacerse reservista voluntaria?
Hace años me planteé ser médico militar, pero tenía niños muy pequeños y el último acababa de nacer, no era el momento de centrarme en una oposición. No obstante, cuando algo te inquieta, no sueles abandonar nunca la idea y entre mi familia, en la que hay varios miembros de la Armada y amigos, que también pertenecen o han pertenecido  a las Fuerzas Armadas y el reto personal, decidí que ahora sí era un buen momento y conseguí hacerme reservista voluntaria.

¿Cómo le surgió la oportunidad de ser activada en la fragata Santa María?
Han sido un cúmulo de circunstancias, en parte de ese período estaba activada en el Estado Mayor de la Flota en Rota, y diez días antes de irme me llamaron de la Dirección General de Personal (DIGENPER) para decirme que necesitaban un médico urgente para la fragata Santa María que estaba participando en la Operación Atalanta. No lo dudé un momento, siempre me atrajo esta misión, incluso antes de ser reservista, y en diez días preparé todo, vacunas, documentación, permisos, etc… renunciando a la activación en el Estado  Mayor de la Flota en Rota.

Ha estado embarcada dos meses, ¿qué ha supuesto para usted esta experiencia?
Pienso que toda experiencia en la vida es positiva, pase lo que pase, y en este caso concreto ha sido muy positiva.

He vivido situaciones que nada tienen que ver con mi vida diaria, como visitar países que, en otras circunstancias, no hubiese tenido la ocasión de conocer o poder volar en helicóptero, por ejemplo. Y desde el punto de vista profesional he trabajado en circunstancias muy diferentes a como lo hago habitualmente, con otros medios y en otras situaciones.

Creo que una experiencia de lo más enriquecedora ha sido poder compartir el día a día con profesionales de las Fuerzas Armadas, en medio de una misión, con todo lo que eso conlleva, y por otro lado conocer la parte más humana y divertida de cada uno de ellos. Ha sido un honor y un placer.

Salida del puerto de Dar es Salam
Salida del puerto de Dar es Salam. Foto: María Dolores Navarro

¿Ha tenido mucho trabajo a bordo?
Pues sí, la verdad que me he visto desbordada de trabajo durante una parte de la misión, he tenido varios pacientes muy graves que he tenido que repatriar. En la fragata hay una enfermería con escasos medios para este tipo de asistencias. Uno de los pacientes cuando llegó a tierra fue directamente a UCI, otro lo intervinieron quirúrgicamente en un buque alemán, que también forma parte de la operación Atalanta, ya que era un Role 2, con equipo quirúrgico (se clasifican en Roles las cadenas de apoyo asistencial y evacuación).

¿Cómo es el día a día para un médico en la fragata Santa María?
El día comienza con el toque de diana a las 7,15h de la mañana. Tenemos un horario de consultas, durante toda la mañana, y el resto del día estoy localizada. Es como estar las 24h del día de guardia. La vida del médico fuera de la enfermería está integrada en el diario de a bordo, participamos desde nuestra función de sanitarios, en todos los ejercicios que se realizan. El médico como el resto de la dotación, tiene un puesto concreto, dónde realizar su labor dentro de estas actividades.

También tenemos ratos libres, que aprovechamos para hacer ejercicio, hay un gimnasio que está muy solicitado por toda la dotación, además, si las condiciones meteorológicas lo permiten, sobre todo que no haya mala mar, podemos salir a correr por exteriores. Gusta salir a cubierta a disfrutar de la mar, a veces se ven especies marinas poco frecuentes. En esta navegación he visto una tortuga de mar enorme, ¡preciosa!

En la cámara de oficiales pasamos muy buenos ratos de descanso, dónde vemos partidos de fútbol, películas, charlamos y nos reímos, ¡hay muy buen ambiente en esta cámara!

El día termina al ocaso con el toque de oración, a partir de ahí, se sirve la cena (hay dos turnos en todas las comidas). Y después cada uno hace lo que puede, unos tienen guardia durante la noche, otros descansan relajados en la cámara viendo una película, o bien te puedes ir a tu camarote.

¿Había sido activada con anterioridad?
Si, he estado activada previamente en el LHD Juan Carlos I, en las fragatas ‘Reina Sofía’ y ‘Victoria’ y en el patrullero ‘Arnomendi’, navegando por el Gran Sol, eso sí que fue  una navegación dura, con olas de 8 metros, pero también fue una bonita experiencia.

Usted ha estado desplegada dos meses, como corresponde a los sanitarios militares. Pero el resto de la Entrando en Seychellestripulación permanecerá en la Operación Atalanta hasta finales de septiembre. ¿Cómo se ha sentido al volver y dejar allí al resto de la tripulación?
Vuelves contenta de llegar a casa y estar con tu familia y amigos, aunque por otro lado, me cuestan las despedidas. Siempre dejo un pedacito de corazón por dónde paso, casi siempre dejo amigos, a algunos de ellos los relevarán a lo largo de la misión, dependiendo del cometido de cada uno, ya que esta misión va a durar siete meses, y otros continuarán hasta el final. Pero lo más importante de todo creo que ha sido volver con la íntima satisfacción del deber cumplido.

¿Qué ha sido lo más duro durante estos dos meses?
Creo que lo más duro han sido las situaciones vividas con dos pacientes muy graves que asistí, en una enfermería con pocos medios, necesitando una evacuación urgente, y encontrando demasiadas dificultades para poder realizarlas.

Al final todo se resolvió favorablemente, conseguí que estos pacientes fueran repatriados al Hospital General de la Defensa y hoy, gracias a Dios, se encuentran perfectamente recuperados y dispuestos a volver a la misión… Estoy segura que la Virgen del Carmen navega siempre con nosotros.

¿Y lo mejor?
Es difícil decir una sola cosa, ha habido mucho bueno. Por un lado, haber dejado amigos que empezaron la misión siendo compañeros. Por otro lado, África me ha impactado, he conocido ciudades como Dar es Salam en Tanzania y Djibouti. También hemos estado en Salalah (Omán) y en las islas Sheychelles, desde donde regresé a España. He tenido la oportunidad de conocer el Destacamento Orión en Djibouti, y comprobar como trabajan nuestros compañeros a 55ºC. Y, por supuesto, conocer más en profundidad la vida a bordo, siendo una más de la dotación, en una misión internacional.

¿Volvería a participar en una misión internacional?
Por mi parte sin duda alguna. Ha sido una grata experiencia. Además, mi familia me apoya cada vez que tomo una decisión de este tipo, sobre todo mis hijos. Lo más complicado es hacer coincidir la misión en el momento adecuado en mi trabajo habitual.

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