En esta ocasión, y por varias actividades que coincidían este día, nos juntamos un pequeño grupo y a las 08:00 horas de la mañana, con puntualidad militar, el equipo preparado y la moral alta, iniciamos la marcha desde el Puerto de Cotos con un objetivo claro: alcanzar, por 22º año consecutivo, la cumbre de Peñalara, techo de la Comunidad de Madrid.

La jornada se presentó con unas condiciones excelentes de visibilidad. Cielo completamente despejado, ausencia total de precipitaciones y un frío que, lejos de resultar extremo, permitió progresar con comodidad durante buena parte del recorrido.

Pero la montaña, como cualquier terreno de operaciones, siempre reserva sus propias exigencias.
El principal adversario del día fue el viento. En varios tramos expuestos, especialmente poco antes de alcanzar la cumbre y en la propia cima, sopló con una intensidad considerable. Las condiciones llegaron a ser tan incómodas que permanecer allí arriba dejó de tener sentido. Sin perder tiempo ni asumir riesgos innecesarios, iniciamos el descenso de la cumbre con decisión.

Porque en la montaña, como en la vida militar, la misión no consiste únicamente en alcanzar el objetivo, sino en saber cuándo actuar y cuándo retirarse. Superado ese tramo, continuamos el regreso completando la actividad sin incidentes y con la satisfacción de haber cumplido el itinerario previsto.

Peñalara nos ofreció una jornada de montaña auténtica: esfuerzo, compañerismo, disciplina y respeto por el terreno. Una lección más de que la preparación es importante, pero también lo es mantener la cabeza fría cuando las condiciones cambian. El año que viene volveremos. La montaña siempre estará ahí..

Texto y fotografías: Asenjo.






